Un parque para nuestra escuela en Gambia

Ha pasado algo que me hacía especial ilusión desde que empezamos a imaginar este proyecto. Los niños de nuestra escuela en Gambia han estrenado su parque infantil.
Y decirlo así parece sencillo. Un parque. Pero había que estar allí para entender lo que ha significado este momento.
Ver cómo se acercaban, cómo lo miraban, cómo empezaban a descubrirlo. Quién ha sido el primero en subir, quién esperaba su turno, las carreras, los gritos, las risas y esas caras de sorpresa que lo decían todo.
Y, de repente, todo lo que había detrás de ese parque desaparece. Ya no piensas en el transporte, ni en el montaje, ni en las dificultades para hacer llegar las cosas hasta allí. Solo ves a los niños jugando. Y eso es suficiente.
Este parque ha sido posible gracias a Inés Díez, de Lenguaje con Inés.
Inés trabaja en audición y lenguaje, pedagogía y comunicación mediante signos para bebés y niños. Y cuando conoció nuestro proyecto decidió hacer una donación para que pudiéramos hacer realidad algo que, quizá, no sea lo primero que pensamos cuando hablamos de cooperación: un lugar para jugar.
Y he pensado mucho en eso. Porque cuando hablamos de las necesidades de un poblado pensamos en la salud, en la alimentación, en la educación, en los medicamentos, en los libros… y todo eso es imprescindible.Pero los niños también necesitan jugar.
Necesitan tener un lugar donde durante un rato su única preocupación sea decidir quién sube primero, quién baja, quién vuelve a subir o quién corre más rápido alrededor del parque. También tienen derecho a esa alegría. Y ahora podemos verla.

La hemos visto en sus caras, en sus risas, en sus carreras alrededor del parque y en esa manera tan universal que tienen los niños de estrenar algo nuevo y convertirlo inmediatamente en una aventura. No hemos llevado solamente un parque.
Hemos llevado un momento de felicidad.
Y quiero que ese momento tenga también el nombre de la persona que lo hizo posible. Gracias, Inés. Gracias por pensar en ellos, por confiar en nuestro proyecto y por entender que ayudar también puede significar regalar algo tan sencillo y tan importante como un lugar para jugar.
Hoy, en nuestra escuela de Gambia, hay un parque que ayer no estaba. Y hay niños que hoy tienen un nuevo lugar donde correr, jugar y reír. Y mientras los veía, he pensado que quizá no hace falta explicar mucho más.
A veces, una donación no se mide en dinero. Se mide en risas, en ilusión, en ojos abiertos de sorpresa, en carreras y en niños que no quieren bajarse.
Y ahora tenemos todo eso.
Gracias, Inés, por hacerlo posible. ❤️
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