Día 4: Centro médico de Kuntaur, Saranyaga y Ebrima

Actualizado: 8 sept
Hoy tenemos que recuperar las acciones que nos quedaron pendientes ayer. Así que hemos salido temprano del alojamiento, camino al centro médico rural de Kuntaur, con el que colaboramos desde hace muchos años. Al estar más al interior, no recibe tanta ayuda como Brikama o Bwayan.
El médico con el que mantenemos contacto continuo está de baja, pero nos han recibido sus compañeros. Para nosotros es muy importante mantener este contacto, porque es la mejor manera de conocer de primera mano sus necesidades. Como esta vez, que nos pidieron una lámpara con cinco aumentos para ginecología y frontales para poder atender a los pacientes cuando hay cortes de luz.
Además, hemos dejado medicamentos y leches de fórmula para casos concretos en los que se requiera. Después de Kuntaur hemos ido a Saranyaga. Siempre es un momento muy especial en nuestros viajes porque es el poblado donde están ubicadas la escuela y la biblioteca de Alma Solidaria.
Ahora los niños todavía están de vacaciones, pero igualmente hemos visitado la escuela.
También hemos compartido un rezo con el alcalde y hemos estado un rato con las familias. Hemos aprovechado para dejarles un saco de arroz y un saco de cebollas.
Y entonces ha llegado uno de los momentos más esperados del día. En este poblado vive Ebrima, el niño que nació con parálisis cerebral y a quien la enfermedad le afectó a las piernas, y que os presentamos en mayo.
Volver a encontrarnos con él después de estos meses ha sido difícil de explicar con palabras. El reencuentro con Alma ha sido especialmente emotivo. Abrazos repletos de cariño, complicidad y alegría. Abrazos de esos que dicen mucho más que cualquier palabra, mientras la emoción se nos escapaba por los ojos.
La conexión se creó en mayo y se ha mantenido durante estos meses a través de mensajes y videollamadas. Pero una pantalla nunca es lo mismo.
En mayo pasaron cinco días juntos para llevarlo al hospital y recibir, por fin, un diagnóstico. Fueron días intensos, de incertidumbre, de preocupación, pero también de esperanza. La esperanza de poder recuperar la movilidad de sus piernas si sigue un tratamiento de rehabilitación, que ya ha empezado con un fisioterapeuta de la zona.
Hoy, meses después, volvíamos a estar juntos. Esta vez queríamos compartir más rato. Sin prisas. Por eso, Ebrima ha venido a comer y a pasar el resto del día con nosotros, junto con dos amigos suyos.
Y así hemos vuelto a compartir momentos sencillos que, en realidad, significan muchísimo: conversaciones, risas, juegos y mucho cariño.
Porque a veces ayudar también es esto. Estar. Volver. No olvidar. Y hacerle sentir que, aunque estemos a miles de kilómetros, seguimos aquí. Después de tanta intensidad, hemos descomprimido con un paseo en barca por el río Gambia.
Y luego hemos visitado los círculos de piedra de Wassu, un conjunto funerario formado entre el 500 a. C. y el 1500 d. C., que se utilizaba como cementerio.
Pero el día todavía nos guardaba un último momento especial. Antes de ir al alojamiento, hemos acompañado a sus amigos al poblado y Ebrima se ha quedado a dormir con nosotros. Una noche más juntos.
Y, después de todo lo vivido durante el día, hay algo que nos ha sacado una sonrisa: de hecho, Ebrima ha sido el que mejor ha dormido.
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